viernes, 21 de junio de 2019

Atrapados en el tiempo

El silencio de mi alrededor retumba en mis oídos tan fuerte que necesito escuchar mi música, coger mis auriculares y aislarme del resto. Todo sigue estando en su sitio, tal y como lo dejé, y me da vértigo pensar en lo mucho que han cambiado las cosas desde entonces.

Al poco tiempo veo inundado mi reflejo en un mar de lágrimas con la banda sonora de este momento, aunque al ritmo de la rutina. He perdido el tiempo y me llevo las manos a la cabeza de todos los momentos y rincones por los que voy pasando. Aunque sólo sea en mi mente, y entre recuerdos. Me llevo la bebida a la boca para pegarle un sorbo, y cada mililitro del refresco que atraviesa mi garganta hasta llegar al estómago se convierte en las calles, bares, pubs y discotecas que he dejado atrás en cada paso; y las risas en las esquinas. Mi pulso se acelera y el recuerdo se acrecenta, dándome un mayor vértigo cada pisada. No quiero recordar más, cada paso se vuelve aún más turbio al anterior, pero menos intenso y caliente al siguiente; y lo único que necesito es quedarme atrapada en este mismo instante.

Cada segundo lleva la banda sonora de las risas compartidas y el río cayendo lentamente por mi garganta, mientras ando por las afueras buscando paz y alejarme de la energía que me pueda contagiar en mis peores momentos, concentrarla en mí como un punto de fuga central o campo gravitatorio y protector formando así un aurea a mi alrededor.

—No lo aguanto más — Pienso y, casi por inercia, me flexiono para coger aire y reponer fuerzas.
Apenas lo siento. He perdido la batalla final, pero qué importa ya. Ni sé dónde estoy, y lo digo literal y metafóricamente. La gente no para de pasar: Algunos corren, otros andarán sin rumbo, a otros les lleva la prisa y entre todos ellos, estoy yo. Parada, sin saber muy bien qué hacer ni a dónde ir, con más ruido y vértigo que me anulan por dentro al completo y todo lo que haya podido ser hasta ahora invalida el camino; y cada persona, cada conversación y cada momento.

Como ahora, entonces.

Bueno, no. Ahora sólo necesito despertarme, estoy dormida, porque me niego a aceptar que me he quedado atrapada en una época que se convertirá en mi vida para aborrecerla y para poder avanzar hacia cualquier otra dirección de las mías, qué importa si la correcta, ya sólo me importa avanzar y de la dirección que pueda elegir, por muy falseada que esté, hacerla correcta. Y todo el ruido que retumba en mis oídos hasta convertirse en silencio a través de los hielos contra el vaso, despejando cada una de las dudas que se manejan en esta ecuación y está a mitad de camino.