sábado, 1 de diciembre de 2018

0 Inspiración

Últimamente, no soy capaz de contar nada. Es sentarme delante del escritorio, y me anulo. Tengo la necesidad de salir y no sólo de mi cuarto, sino de la rutina, los agobios y el estrés. Voy a dar una vuelta y acabo escribiendo siempre en el mismo sitio de siempre, bajo el mismo techo aunque mi alrededor sea el mismo. Nunca me encuentro rodeada de la misma simpatía, que no menor. Lo peor de todo, acabo por mecanizar mi proceso creativo. Algo que va matando poco a poco a mi inspiración, o quizás la poca que me queda ya. No sé si seré yo, el lugar en donde nace mis ideas o las historias que trato de contar intentan decirme algo. Aunque, de todo lo que te estoy contando, algo sí que ha cambiado. Mis letras ya no suenan igual que antes, ahora llevan por bandera a las canciones de Vetusta Morla o Love of lesbian y, excepcionalmente, me saben a Izal. Quizás sea yo y no me sé expresar. Mis pensamientos hacen tanto ruido en mi cabeza que no soy capaz de expresarlo de una forma coherente y lógica. También está la posibilidad de que no sepa buscar mis historias, aunque sólo sea en fondo. Puede que cualquier lugar sea bueno para escribir, pero no cualquier lugar es el adecuado para todas ellas. Ahí, quizás, está mi problema. Tengo tantos sitios que elegir para protagonizar cada idea, que no sé por dónde empezar. No sé ni siquiera si tomarme un café o un refresco con hielo en pleno invierno, mientras me dejo absorber por la realidad para luego plasmar todo lo que haya podido retener sobre el papel; como voy a ser capaz de decidir sobre la muerte de mi personaje. Mi canción favorita quizás determine su final y deba morir, perder al amor de su infancia que se convirtió en su vida, quedarse en bancarrota o visitar el inframundo y estar bajo el mandato de Hades, enamorado a su vez de su hermano Zeus. Quizás, tenga más que ver la ciudad que soy ahora o el campo en el que un día me perdí y desde el que escribo para encontrarme algún día conmigo, sin que nada de lo anterior tenga sentido. Realmente, no sé qué puede estar pasando por mi mente para no tener nada que decir durante meses, pero sí unas ganas enormes de devorar papel con mis ideas. Puede que sólo me abrume la cantidad de papel que podría recorrer con mi tinta, y acabo por mecanizar todo lo que debería salir de dentro a flor de piel. Dejarse llevar suena demasiado bien, y joder si suena bien, que acaba de retumbar en mi cabeza el verso de Vetusta Morla para perder el sentido a todo lo que me reconcome por dentro. Será por esto que, a veces, se nos olvida dejarnos llevar hasta en esos detalles que nos llevan a ser nosotros, como pensar; y disfrutar de aquello que nos hace eternos cuando el tiempo vuela. 

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