sábado, 18 de agosto de 2018

Dúplex

Alexis y Benjamin cumplían los dos meses desde que empezaron a salir juntos, aunque ya lo hacían mucho antes como amigos. Desde entonces, se han dedicado muchas miradas de amor y ternura cada mañana en forma de besos, abrazos y alguna que otra caricia que se daban cuando alguno se despertaba y veía al otro dormir plácidamente. No querían que la magia de los primeros meses desapareciera, y tomaron por rutina el amor que sentían el uno por el otro en sus distintas formas y experimentándolo de mil maneras distintas para no saciarse jamás y seguir descubriéndose incluso a sí mismo a raíz de la pasión de la pareja. Se querían a rabiar. Hicieron mil planes juntos y hasta planificaron su propia vida, que en días se pusieron a buscar piso para irse a vivir los dos solos. Alexis se tuvo que marchar de casa nada más empezar la carrera por motivos de estudios, que el traslado diario no le salía rentable al bolsillo de sus padres. A Benjamin en cambio, la vida se lo puso más difícil aún y vive solo desde que su abuelo murió hace un par de años, con quien se había criado los cuatro últimos años de su vida. A su padre apenas lo ve, siempre está embarcado en algún proyecto de la empresa que le separa a kilómetros de su familia. Y su madre, de su madre, ya ni se acuerda, murió cuando dio a luz a su hermano, con quien se lleva dos años y pico de diferencia de edad. Trabaja en una gasolinera por las noches para costearse el alquiler y los gastos diarios, principalmente. Aún así, intenta ahorrar unos fondos para fundar su familia y no ser un fracaso para la sociedad por no saber dar a sus hijos la paz que él no tuvo de niño.

A pesar de llevar tan sólo dos meses juntos, fueron mejores amigos desde hace ocho años. Han compartido muchos viajes, aventuras, experiencias, festivales… juntos, qué mal podría salir entre ellos. Llevaban una semana buscando piso por su cuenta, pero visto que no encontraban nada que estuviese bajo sus intereses, decidieron dejarlo en manos de alguna agencia que se encargase de gestionar todo el proceso de compra y quitarse el marrón de encima. Nadie se lo llegó a imaginar, pero en menos de un mes, ya estaban disfrutando de las vistas de su nuevo piso. Se trataba de un dúplex con vistas al mar, y en el centro de Málaga. El casoplón que se habían comprado tenía jardín y una piscina, que se ajustaba hasta el último milímetro a la idea que tenían en mente al hablar del futuro que querían adoptar y la felicidad de sus futuros hijos. A pesar de haber pedido dinero a los padres de Alexis que se habían comprometido en devolver hasta el último centavo en cuanto tuviesen la cantidad, necesitaron pedir un préstamo del banco para terminar los trámites. A la semana siguiente, recibieron en la entrada un porsche negro con su padre al volante y su madre en el asiento del copiloto con varios tuppers en la mano. Los asientos traseros y el maletero iban hasta rebosar de cosas, muchas de ellas eran los juguetes y trastos de la infancia de Alexis que les daba pena tirar a la basura a todos, pero que ya no se podían quedar en la casa de sus padres por falta de espacio. Habían reformado de arriba a abajo el piso, y la habitación que hacía de trastero había desaparecido.

Sus padres nos ayudaron a ultimar los pequeños detalles que nos faltaban de la mudanza y a ordenar un poco todo el caos que yacía allí dentro. Sólo faltaba por montar los muebles, que de eso se encargó muy amablemente su padre mientras que Alexis y Benjamin, lo acompañaban y echaban un cable en lo que hiciera falta. A su vez, su madre estaba en la cocina, quien tenía el don y le encantaba dar de comer siempre que podía a los comensales. Nunca calculaba de lleno la cantidad exacta que iba a necesitar para hacer un plato. Daba igual si hacía para tres u ocho personas, que siempre se acababa sacando el tupper para guardar los restos para el día siguiente. Había demasiados cajones, y por un momento se volvió loca buscando los cubiertos y demás herramientas de cocina… hasta que se ubicó.

Antes de marcharse, decidieron tomarse un café en familia todos juntos para ponerse a la orden del día. Era casi de noche y sin darse cuenta habían pasado casi la totalidad del martes, juntos. Con aires nervioso y algo preocupado, el padre de Alexis miraba constantemente el reloj como si tuviese que recoger un paquete y no estuviese seguro en si estaría a tiempo en casa para recibirlo, Benjamin lo ignoró varias veces porque supuso que quizás, sólo eran paranoias suyas, hasta que Alexis lanzó la pregunta en voz alta que cualquiera de los tres tenían miedo a pronunciar:
- Papá, ¿estás bien? ¿qué ocurre?

Y en un tono serio y algo tajante, su padre respondió mientras le hacía una mueca en silencio a su mujer, intentando disimular justo en el momento que Alexis se concentró en la cafetera para echar más café a su taza. 

- Sí, no te preocupes, hijo. Todo bajo control, sólo que está anocheciendo y nos toca conducir ahora. Si no os importa, nosotros nos vamos ya, ¿vale?
- Ah, sí, sí. Sin problemas, claro.

Al mismo tiempo que se pusieron las chaquetas, los guantes y la bufanda, fueron recogiendo los bártulos que trajeron consigo para ayudar con la mudanza y los muebles; y al tiempo se fueron despidiendo. Alexis sabía que a su padre le pasaba algo, que tenía que ver con aquella casa pero no le quería hacer daño y por eso se lo callaba. Sin que nadie se diera cuenta, ni siquiera ellos mismos, arrastró por inercia a su padre del brazo hacia la cocina para preguntarle mediante susurros qué le ocurría. Su padre se negaba a decirle nada con una sonrisa, pero tras insistir varias veces, tuvo que exteriorizar la pregunta que le estaba matando:
- A ver, Alexis, no quiero que me malinterpretes, quiero que seas feliz con tu nueva vida, tu pareja... y tu casa. Estoy casi seguro de que Benjamin te aportará esa felicidad que buscas. Estoy seguro. Lo estoy, de verdad que sí. 
- Papá, al grano.
- Y está muy bien todos los planes que habéis pensado con antelación, los hijos, las vacaciones y… vuestro futuro. Pero, ¿esta casa no es demasiado? Me explico, un dúplex, a quién no le gustaría tenerlo y poder disfrutar de estas maravillas. Si prácticamente todo el mundo mataría por tener uno entre sus posesiones. Matar, en el sentido figurado, tampoco me malinterpretes... (El padre de Alexis siempre tiene la necesidad de explicarlo todo, hasta lo más evidente). Pero, a lo que me refiero, para qué necesitáis cuatro habitaciones individuales y una matrimonial, ¿no creéis que os habéis precipitado? Sé que vuestra idea es tener 4 hijos, pero probablemente eso cambie de aquí a un tiempo. Quizás, no. Quizás, sí. No lo sé, y yo tampoco soy nadie para juzgarte de lo que debes y no debes comprar ni el tipo de familiar que mantener, a mí ya me tocó en su tiempo y ahora es tu turno. Sé que lo vas a hacer bien, hijo. Estoy muy orgulloso de ti y de todo lo que estás consiguiendo. Sólo espero que estés bien y seas muy feliz. Y sé que fundar una familia es lo más importante para vosotros ahora, y que requiere tiempo, dinero y mucho amor. Pero, mi pregunta es, por qué ser tan ambiciosos en un chalet de cuatro habitaciones cuando de momento no vais a utilizar ni la mitad. Quizás, queráis tener más hijos en un futuro, sí; o quizás, menos e incluso no tener ninguno. Y al final habéis pagado y estáis pagando de más por algo que ni siquiera necesitáis y estáis utilizando. Pagamos en función a nuestras necesidades, caprichos y deseos. Estáis pagando de más por un espacio que es innecesario ahora y que, quizás, en un futuro, lo sea también. Y si ese espacio se necesita en un futuro, ya se buscaría la solución. Tampoco quiero que pienses que te estoy echando la bronca por última vez, Alexis, sólo quiero que sepas que siempre nos tendrás a tu madre y a mí con todo lo que necesites, y con todo el rollo este sólo quería decirte que jamás te adelantes a lo que pasará, y vive la emoción del momento, que de eso se trata. La vida es finita, no ilimitada. Aprended a valorar vuestro tiempo, y el que os haga perder el tiempo, os está faltando al respeto. Yo sólo quería darte mi último consejo como padre para asegurarme de que lo vas a hacer bien. Y claro que vais a necesitar espacio. El mismo espacio, que os tenéis que dar el uno al otro para crecer felices.