viernes, 20 de julio de 2018

Traficante de historias

── Jaeger…

Ante la insistencia de su compañero de piso, Jaeger no tuvo más remedio que dejar a un lado lo que estaba haciendo. Como cada mañana, se sentó frente al ordenador en una pequeña esquina que había reservado en el salón para hacerse su mesa de trabajo y en la que pasa la mayor parte de su tiempo. Jaeger se gana la vida con las letras, escribe para medios, revistas y sus libros. Tiene la manía de conectarse a Spotify para escuchar alguna lista de reproducción de “Chill out” ya creada y que le recomiende la propia App para tomar la inspiración y empezar a currar. Tenía la esperanza de terminar la obra en la que llevaba escribiendo casi un año entero, y la cual le había costado durante los últimos meses muchos bloqueos y dolores de cabeza.

── ¡¿Qué?! ── Respondió molesto e irritante.

── Siempre que voy a comprar me encuentro a los mismos traficantes de pacotilla en la esquina esperando a sacarme la pasta. ¿Podrías acompañarme? Tengo una laarga lista y no me puedo esperar al lunes para ir al mercado. Si quieres te la enseño, para que te lo creas… necesito de algún modo llenar mi nevera y vivimos en un tercero sin ascensor que no podemos pedir por Internet para que nos lo traiga a casa. ─ Häns le hace una mueca de pena con la intención de convencerlo y sacarlo de casa.

── Buf. ¡Está bieeen! ─ Jaeger resopla, y le dice que sí a regañadientes ─ Pero… déjame terminar de escribir el capítulo y ahora nos vamos.


Salieron de casa con las bolsas en los bolsillos para ir a comprar al supermercado, y cuando dieron cuatro pasos contados y cruzaron la esquina que doblaba el edificio, vieron un par de sombras moviéndose al tiempo que se escuchaban varias carcajadas. Por un minuto, decidieron tomar otro camino pero se miraron a los ojos, y se dijeron "¡Vamos!" para sí mismos, y con aire decidido se vieron con fuerza de enfrentarse a ellos.
Häns estaba en lo cierto, y por unos segundos sintió alivio de que Jaeger lo pudiese ver y al fin le tomara en serio. Pero, sentía que no quería tener la razón. ── Cómo me gustaría ahora mismo darle la razón a Jaeger y dejar que se burle de mí por acobardarme tan fácilmente ── Pensó.
Pasaron por delante de sus narices, e intentaron ignorar sus insultos y risas.

*Chssst* *Chssst*

Cada vez que intentaban hablar o hacer cualquier ruido con la boca, más fuerte sonaba.

── ¡Eh, eh! Vosotros dos, ¿no veis que os estamos llamando?

Extrañados y fingiendo que no iba con ellos el tema, haciendo como que ni se habían enterado de nada, siguieron el hilo de la conversación y entraron en su juego.

── ¿Quiénes, nosotros? ── Preguntó Jaeger. Llevándose el dedo al pecho, por si no había quedado 
claro con la pregunta. Al mismo tiempo, su cara expresaba sorpresa e incredulidad.

── ¿Ves a alguien más de nosotros cuatro por aquí, tolai? ── Preguntó irónicamente una voz que no iba acompañada de ningún rostro. Llevaba un chándal y tenía la capucha puesta. Exhaló y expulsó una bocanada de humo, al tiempo se dejaba ver entre la oscuridad.

── No-o… ── Respondió con voz temblorosa.

── A ver, ¿cuánto lleváis encima?

── Ve-veinte… ── Respondió Häns, casi con lágrimas en los ojos.

── No te oigo, ¿cuánto? ── Preguntaron, mientras uno de ellos estaba frente a frente, acobardando a Häns al mismo tiempo que le dieron un empujón y cayó al suelo.

── Veinte euros.

── ¿A dónde vais? ¿Al super?
Jaeger parecía más duro y les hizo cara ── Sí. ¿Nos acompañas? ── Contestó tajante, en un tono de burla y humillación al mismo tiempo que le lanzó una pícara sonrisa y le guiñó el ojo.

── Aargg… ¿tú quién te has creído que eres, mocoso?

── ¡¿Yo?!

── …

── ¡Oh, vaya! Pensaba que se lo decías a tu amiguito, como apenas llega al metro cincuenta…

── ¿Te crees gracioso?

── JA JA JA

── Vaya, qué gracia… veo que tienes ganas de reírte. A ver si tienes las mismas ganas cuando te haga…

── ¡¿Qué?! ¿Cuándo me hagas, qué…? ── Le interrumpió en tono tajante ── Ahora, dime, ¿qué hacéis cada tarde/noche por aquí?

── Sólo vendemos coca.

── … ── Arqueó una ceja, incrédulo.

── ¡¿Quéee?! ¡Es la verdad!

── ¿Entonces… por qué acojonáis a todo aquel que pase por delante y no tenga las agallas de haceros frente?

── Buuf…

── ….

── Mira, tenemos que vender. Este es nuestro negocio, y nuestra casa. Desde hace unos seis meses que nos embargaron la casa, no tenemos donde dormir y siempre que pasa algún pardillo por aquí cerca, pues no te lo vamos a negar nos echamos unas risas a su costa. ¿Verdad, Rick? ── Le pregunta a su compañero con sorna, quien se lleva una mano a la cabeza.

── Bueno, creo que nosotros nos vamos ya.


Jaeger retomó su camino, esperando que Häns lo siguiera. Aún estaba en el suelo, después del empujón. Pero, Häns, incrédulo, no sabía cómo reaccionar de todo lo que había vivido en aquellos últimos segundos. No sabía si darle las gracias por haberle echado narices a esos dos, o si enfadarse con Jaeger por dejar que se fueran de rositas después de lo que le habían confesado. Se levantó en un santiamén, se sacudió los pantalones del polvo que había cogido estando en el suelo e intentó alcanzarlo.

── ¿Jaeger… es que no vas a hacer nada? ─ Preguntó mientras lo alcanzaba.

── Más bien debería darle las gracias.

── ¿Darle las gracias?

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