jueves, 12 de julio de 2018

A ti

Pocas veces lo he hecho, por no decir que puedo contarlas con los dedos de una mano y no llegar ni a levantar un dedo. Hoy, con el corazón en un puño plasmo en este poema mi más sincero agradecimiento a ti, que has dejado de ser ceniza para convertirte en polvo.

A ti, médico de cabecera, que has curado mis heridas, cicatrizado mis miedos.
A ti, al personal de atención al cliente, que me has quemado por dentro y me he enfadado contigo sin tener motivo.
A ti, a quien me vendió un kit- kat en el aeropuerto por dos euros de más, que me enseñaste a comprar según mi necesidad y no por elegir el producto.
A ti, maestro, que he aprendido a valorarme, a saber quién soy por todo lo que me has enseñado.
A ti, papá, mamá; que me habéis enseñado a perseverar y a luchar por mis sueños y a crecer como persona gracias a los baches de mi camino. Gracias a cada castigo.
A ti, bombero, que me enseñaste probablemente el valor más humano y más grande de todo el mundo, que has salvado a más de una persona poniendo en peligro tu vida.
A ti, mentor, que me has demostrado que sin esfuerzo, no hay recompensa.
A ti, quien se burló de mí y me intentó humillar públicamente por lo que fui, que te has convertido en una referencia para mí para tener claro cómo no quiero ser en la vida.
A ti, artista, que con tu ejemplo me enseñas cada día a ser mejor persona.
Y, por último, no por ello menos importante, a ti, querido lector, por regalarme un par de minutos de tu valioso tiempo y leer con atención las ideas locas que sólo a mi cabeza se le ocurre crear.

A ti, y sólo a ti, gracias por tanto.

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