jueves, 3 de mayo de 2018

Vendehumos

Estoy cansada de nadar a contracorriente y ver cómo mientras tú fabricas tu barca con tus propios medios, otros que no han cogido una barca en su vida, se quedan a orillas del río para venderte manuales de cómo construir tu propia barca sin morir en el intento. Tampoco será la última vez que los veas, porque siempre los tendrás esperándote allí cuando los necesites. Al igual que te venden una barca, estarán también ahí para venderte una botella de agua cuando te vean chorreando a sudores fríos del calor que hace y tengas fuera. Y mientras, tú intentas remar para avanzar en tu camino, pero siempre tendrás que aguantar las burlas y mofas de quienes aparentemente están a kilómetros luz por delante de ti, ya sólo por eso, jamás serás creíble porque son ellos quienes te sacan ventaja. Gente con quienes no se puede hablar de ambición porque ni siquiera conocen el término, y a la más mínima te echan en cara que siempre hablas de trabajo. Quizás, lo más probable, lo máximo a lo que aspiren sea a esperar vivir en un sábado constante para volverse a emborrachar de nuevo, esnifarse todo lo que pillen y pagar las facturas a final de mes. Mientras tú, te matas a trabajar por el placer que da generar contenido para uno mismo y ya no sólo hacerse un hueco en el mercado laboral con tu pequeño nombre, sino la idea de ganarte la vida sin la necesidad de trabajar para ningún tercero. Gente interesante que se convierte en humo en la primera conversación que mantienes con ellos, y ni siquiera son suficiente dos palabras para darte cuenta de su realidad. 

Gente que te cuelga el cartel de idiota por dejar pasar por alto las cosas para no estar de mal rollo con nadie y cuando das tu opinión sobre el tema, sin rodeos, te miran por encima de sus hombros y te lanzan miradas llenas de odio. Mientras tú, durante meses, has tenido que callar, asentir y sonreír todas las mentiras que te han intentado vender y por las que te has llegado a sentir manipulada. Gente que disfraza sus intenciones y se les huele a kilómetros el humo que te venden mientras agotan todas tus fuerzas y energías para dejar de construir tu barca y "ayudarles" a construir la suya mientras los mira a lo lejos pegándose el baño de su vida. Gente que incluso te cuestionan tu propia valía y tus límites. No tienes más remedio que acercarte a la orilla para escucharlos, a pesar de conocer todos sus argumentos de antemano. Te lían y sin darte cuenta, estás apunto de atravesar las cloacas de la ciudad que te han vendido como uno de sus mejores monumentos y puentes que se han construido, en un barco de segunda mano maquillado vendiéndotelo como un yate de escándalo. Y al final te embarcas en el viaje porque, total, sólo será un paseo. 

Dais un paseo por el río mientras se ponen a charlar contigo un rato entre risas y colegueo, haciéndote ver que no es parte de la estrategia en la que se sustentan los cimientos de sus negocios. Empezáis a conoceros, curiosean cómo eres, cuáles son tus puntos fuertes y débiles, tus miedos, las filias y las fobias, tus inquietudes, las virtudes y defectos. Se empapan hasta el más mínimo detalle del que forma parte tu vida. Todo aquello que, a priori no tiene ninguna relación entre sí pero lo supone absolutamente todo para calzarte sus manuales en unos minutos y que tú se los compres incluso cuando ni siquiera te interesan. Y cuando ya te conocen, o creen conocerte, te intentan engañar y te dicen que estás cerca de empezar la ruta que te vendieron. Se trata de hacer parada en cada pasaje para comprar y alimentar sus negocios, y en lo que lleváis de viaje, apenas te han contado nada sobre el paisaje ni el sitio. Ahí, empiezas a sospechar sobre quiénes son. Todo lo que te han contado al principio incluso puedes llegar a dudar de ello porque te lo crees. Aunque seas consciente de que todo aquello que estás viendo sea un engañabobos para que inviertas en ellos, aunque sólo sea con tu tiempo y la atención que les prestas. Te puede llegar a parecer interesante incluso, hasta que lo descubres, y sabes que no es cierto nada de lo que te cuentan. Ahí te empiezas a dar de cantos contra la pared por no haberte creído una vez más y dejarte llevar por la bondad del ser humano. Simplemente, han hilado la conversación que habéis mantenido minutos atrás para venderte su producto como la solución a uno de tus problemas. Puede que no te hayas dado cuenta en el mismo momento, y si es así, ya te sobrarán las ganas de investigar a fondo sobre el tema de lo bien que te lo han vendido con unas expectactivas por las nubes para que la realidad y la experiencia se queden a ras del suelo, y ahí te faltarán las ganas de volvértelos a encontrar la próxima vez, porque sea lo que tengan que venderte, ni siquiera quieres escucharlos hablar. 

Se acerca el final del trayecto, y en los cinco minutos antes de bajarte, te recuerdan que aún estás a tiempo de continuar el viaje, pero para eso, debes abonar cinco euros más porque esta vez se trata de la zona más bonita del río, y a la que sólo se puede acceder en SU barca. Tú mientras te callas y dices que no por educación y respeto (el mismo que no han tenido ellos al aprovecharse de ti), te vuelves a dar de cantos contra la realidad, porque te das cuenta de que nada cambia. Lo peor de todo, es que te llevas dando la razón durante todo el viaje e incluso desde antes de subirte a la barca sobre quiénes son en realidad y cuáles eran sus intenciones. Empiezas a sentirte culpable por todo el dinero y tiempo que has derrochado de tu bolsillo, en lugar de haberlo invertido en buenos materiales y recursos para tener unas mejores condiciones y usos de emergencia para estar lo mejor preparado posible. Yo me bajo aquí, me da lo mismo si no es mi parada. Siempre habrá una mejor opción para llegar hasta donde yo quiero que seguir este camino. Esta vez me toca retroceder para avanzar de nuevo.


Y a mí me gusta conocer el terreno que piso.

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