lunes, 9 de abril de 2018

Parálisis del sueño

Me desperté en mitad de la noche, y ni siquiera pude volver a cerrar los ojos para dormir de nuevo. No podía mover un músculo de mi cuerpo, ni siquiera un dedo. Tenía los ojos como platos en mitad de la oscuridad, mirando a la nada. Sentí miedo, ansiedad y vergüenza. Sentí la presencia de mi madre, pero sabía que eso no podía ser verdad. Mi madre está al otro lado de la pared. La habitación de mis padres está junto a la mía, además, mi madre esa noche no dormía en casa. Cuestiones de negocio. Algún curso para profesionales de su sector. Nunca entendí muy bien a qué se dedicaba y me resulta realmente embarazoso mirar a alguien a los ojos cuando me preguntan por su oficio. Nadie da crédito ni atiende a razones.

Apenas estaba en casa, y siempre tenía algo que hacer. Pasaba gran parte de su vida viajando de un país a otro, y siempre estaban los negocios por encima de todo. Siempre me decía que todo aquello lo hacía por mí, para costearme los estudios y que yo pudiera ir a una universidad de lujo. Aunque yo no quería, pero no escuchaba a nadie. Anteponía siempre los demás a su propia vida y felicidad, y siempre miraba por los lujos y caprichos que se pudieran permitir el resto. Aunque a ellos esos caprichos no les interesara. Apenas pisaba por casa. Yo siempre esperaba despierto a que llegara ella para darle un abrazo y poder respirar tranquilo al irme a la cama. Cuando parecía no llegar, siempre ponía la misma excusa para no preocuparnos.

Aún así, todas esas veces, siempre me iba a la cama con lágrimas en los ojos, y rezando porque volviese sana. Me quedaba despierto en la cama hasta que escuchase el leve portazo que daba siempre al entrar. Esta noche no pasó nada. No estaba, no iba a venir nadie. Al principio, pensé que me desperté debido a una pesadilla que hubiese tenido en el sueño y, por un momento, me llegué a cuestionar si había comido demasiado en la cena. Pero, no. Sólo había tomado un sándwich y un vaso de leche con galletas, como todas las noches antes de irme a dormir. No podía ser la cena, había comido lo de siempre. Y tampoco pudo ser una pesadilla porque lo recuerdo feliz. Había tenido un sueño bonito y al que me gustaría volver para ser feliz, aunque sólo sean unas cuantas horas. Había vuelto a mis 15 años y estaba en un parque con mis amigos tocando la guitarra y pasándonos la cachimba entre todos. No creo que fuera esto una pesadilla, el recuerdo que mantengo como ya he dicho no es desagradable sino todo lo contrario.

Por otra parte, tenía mucho sueño y aún así no era capaz ni de cerrar siquiera los ojos. Y si me paraba a pensarlo en frío, este hecho me inquietó bastante hasta quitarme el sueño que no conseguía conciliar. Notaba como una presencia por la habitación aún sabiendo que no había nadie. Entre cada movimiento, podía ver una sombra oscura similar a la figura de mi madre. No sabía qué me estaba ocurriendo. No eran alucinaciones pero sabía perfectamente que si se lo contaba a alguien me señalaría con el dedo como si estuviera loco, ni siquiera sabía si me podía fiar de mí. Había una lucha interna entre la razón y mi cordura. La razón apoyaba a las imágenes que estaba viendo con mis propios ojos y a todo ese cúmulo de emociones que estaba viviendo al verlas. Mientras que, la cordura, no hacía más que repetirme una y otra vez en la cabeza que eso no podía ser así, porque sabía perfectamente que mi madre aún no había llegado de la excursión que hicieron por negocio en su empresa. Ya no sabía qué hacer, si contarlo a la mañana siguiente o callármelo.

Fueron apenas 10 minutos todo lo que duró mis alucinaciones, por llamarlo de alguna forma. Aunque sentí que ese corto plazo de tiempo se hizo eterno por un momento y fuera eterno. Necesitaba decírselo a alguien, y en cuanto entré a la consulta del médico, me explicó detenidamente que sólo había sufrido una leve parálisis del sueño. Nada preocupante, aunque me estuviese alerta porque me podría volver a ocurrir y sería el doble de fuerte.

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