lunes, 26 de septiembre de 2016

Obedecer

Sentía la impotencia de huir, saltar, brincar y chillar sin emitir un grito que penetre en los oídos de la multitud en la que se encontraba. Romper la magia del momento con una lágrima, la sonrisa o incluso con el llanto. Darle la oportunidad al niño que lleva aún dentro, antes de ser arrestado por los límites de la sociedad. Perder todas las batallas en las que combatía su madurez por dejar su pasado atrás, y ver más allá del presente. Quería soñar despierto, dormido, siempre; y que el tiempo no sea un impedimento. Ni una acritud. Poner los pies en el suelo mientras sea la cabeza quien flote entre las nubes, y los pájaros vuelen sobre ella. Dejar de acariciar el aire limpio que respiramos con la suela del zapato. Esperar el siguiente mandato, aunque se encuentre por encima de nuestro interés... o, satisfacción.


Hay normas que sólo se llegan a cumplir si las evitamos.

¿Periodismo basura?

Muchos hablamos de la telebasura incluso cada vez con mayor frecuencia, haciendo hincapié en esos programas que para lo único que sirven es para perder el tiempo. Puro entretenimiento, y permíteme dudar de esto último. Pero, ¿cuántas veces hemos hablado del periodismo basura? ¿Acaso éste no existe? Es otro medio más, como la televisión.
Quién no ha leído alguna vez una noticia falsa y, lo peor de todo, no ha creído en ella. Al fin y al cabo, es la prensa; ya sólo por eso, es una fuente de fiar. Y debería ser así pero dudo mucho que no haya noticias que no sean del mismo género que todos los programas de televisión de los que he empezado a hablar en este artículo sin ni siquiera mencionarlos. Además, hay noticias de mayor importancia que, día a día, pasan desapercibidas en los medios.
Que, para lo único que están es para ganar audiencia y, joder, si lo consiguen. Noticias que no pasan desapercibidas en todo el mundo, en las que se suele creer más. Y, según todos, algo es de fiar por el simple hecho de "ser relevante" sin que esto sea aportar un valor al conocimiento ni generar opinión en el pueblo. Hablamos de prensa como un equipo técnico que se encuentra detrás con profesionalidad, y recurre para cada noticia a fuentes fiables. Sin darnos cuenta, que lo único que nos venden son mentiras que venden.
En cuanto vemos un titular nunca pensamos en lo falso de la noticia. Y puede ser que no tengamos obligación de hacerlo, pero sí sería recomendable dudar de todo. Absolutamente, todo. Que, prácticamente, viene siendo lo mismo. Y ojo, no soy periodista. Ni me dedico a ello, ni lo estudio, ni lo pretendo ser. Pero te pido, querido lector, por favor, no tomes mi palabra en vano. Préstame al menos unos segundos de tu tiempo. Hay quienes buscan ganar audiencia y, para ello, llaman la atención con lo que el público quiere leer. Aunque no sea real. Aunque sea una mentira de la que todos sepan su verdad. Al igual que también hay titulares inciertos y lo peor de todo, se excusan con un "tan sólo es un titular, qué te importa si lo importante está en el cuerpo de la noticia" y podrá ser cierto, pero para leer esa noticia antes habrá que llamar la atención del lector. Un titular que todos leen y se queda el 90% de la gente.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Ruido metálico

Eran las diez de la noche, yo ya estaba metida en cama cuando de repente sonó un ruido extraño. Me encogí. Miré con recelo todo mi alrededor y lo único que pude ver fueron las sombras que hacían los árboles del jardín por mi ventana en la pared. No sabía muy bien cómo interpretarlo. Quería creer que sólo fueran hojas moviéndose. Pero a cada crujido, menor yo era.

Era extraño. Parecía como si alguien estuviese tocando la batería con los instrumentos de cocina o como si cada dos por tres se tropezase con ellos. Sin embargo, me asomé al pasillo desde mi habitación y lo primero a donde miré fue la cocina esperando encontrarme una sombra ahogando a alguien. No había nada. Sólo silencio. Parecía que todo sucedía en el momento en que menos lo esperaba.
No había nadie en casa, esa noche mis padres se habían ido a llevar a mi hermano de acampada y prefirieron dormir por ahí.

Tenía miedo y el pánico me paralizó por unos instantes. No sabía cómo actuar y decidí salir de casa para pedir ayuda. Bajé las escaleras con mucho cuidado para no hacer ruido. Pero mirase a donde mirase siempre aparecía las hojas del árbol de mi ventana moviéndose y con ella, el ruido que me hizo encogerme de pies a cabeza con el edredón de mi cama. Poco a poco, me fui volviendo loca y ya no sabía si lo escuchaba de verdad o todo lo que veía sucedía en mi cabeza.

Llamé casi sin respiración a mi madre, pero no lo cogió nadie. Cada segundo que pasaba se aceleraban mis latidos. No podía más. Miré con la esperanza de ver a alguien y esconderme lo más rápido posible para estar a salvo sin sentirme idiota por correr y huir de la nada.

No había nadie, pero la escena se repetía continuamente. Parecía haber entrado en bucle. Ya no sabía si el ruido era antes o después que la imagen de la sombra formada en la pared, lo único que supe es que venían de la mano.

Salí corriendo casi a gritos de mi escondite, pero sin ni siquiera saber cómo volví una y otra vez allí. Era un bucle. Quería despertar de aquella pesadilla. Quería que llegasen ya mis padres. Tenía tanto miedo que me volví a la cama, pero allí seguía. De pie, sin dar crédito a lo que estaba viviendo en ese momento.


Desperté.

La escena se repetía continuamente en mi cabeza. No podía creer lo que había soñado. Era un sueño casi real. Me desperté de un salto y con la respiración agitada, no podía parar de pensar en todo aquello. A partir de ese día no fui capaz de dormir con la luz apagada y la ventana abierta para que corriese el aire.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Falso rescate

Hemos sucumbido a esta peste de naufragio cultural en el que navegamos hoy sin saber muy bien hacia dónde nos dirigimos. Un naufragio increíble (en el sentido pésimo) e independiente de la realidad. Echamos la culpa de la situación a la crisis económica en la que estamos inmersos, quejándonos bien fuerte de ello pero sin llegar a mover un sólo dedo hacía nuestro interés; y, probablemente, no sea una crisis económica la que nos afecte sino una crisis de valores, dando lugar a dicha catástrofe. El problema no es que ya nadie lea (qué también), el problema está en que ya apenas se venden libros. Antiguamente, y puedo estar hablando de una década antes, cuando alguien se compraba un libro era porque de verdad le apetecía leer, porque tenía empeño en el libro. Ahora si lees, es por obligación (en la medida que sea) para aprobar un examen más del curso, y esto en el mejor de los casos.

Los teatros apenas llenan un tercio de la mitad del público que prefiere invertir en el botellón. No podemos permitir que, a día de hoy, sea más económico emborracharnos que asistir a un festival de música, a una galería de arte o comprar un libro. Hablo de música clásica y tendemos a asociarla con lo gris, lo aburrido. Muchos dicen que "la música clásica no vende" pero debo recordar si se vendiera el Pop o el Rock como se vende la música clásica, éstos tampoco venderían.
Por ende, nos excusamos con que la culpa es de los jóvenes que ya no leen lo mismo que se leía antes; pero nadie hace nada para evitar tal fracaso. Tan sólo celebramos una feria del libro una vez al año, en conmemoración a algunos genios literatos, y ya es suficiente.

Puede que no haya interés por la lectura, pero ahí estás tú para crearlo. Recuerda que, el perdón no sirve de nada si no arreglas lo que has roto. Y, en lugar de querer cambiar la situación buscamos todos los medios posibles para convencer de que no hemos sido nosotros quienes tenemos la culpa de que las cosas hayan terminado como han acabado. Aunque sea mentira, y sigamos mintiendo. Por qué incitar a la ignorancia, cuando podemos partir de ella misma hasta hacer entrar en razón. Hasta entonces, sigamos aplaudiéndonos (o hagamos como que aplaudimos) y tengamos en cuenta que el eco sigue siendo más fuerte, que nos llega a ensordecer tanto que nos creemos que nadie dice nada; cuando en verdad, estamos al borde del abismo.