jueves, 21 de julio de 2016

¿Un minuto?

Nunca me había parado a pensar en lo increíblemente cierto que podía ser un simple minuto. Ahora, tú, mi querido lector, me tomarás por idiota pero apuesto lo que sea a que tú tampoco te habías fijado en la productividad del tiempo. Nada redundante, por cierto. En absoluto.

Alguien puede estar riéndose a carcajadas después de que otro alguien le haya contado un chiste. A su vez, en otra parte del mundo, un niño de 5 años que está aprendiendo a montar en bici, se cae al suelo y llora. Su padre que está por allí cerca, y de quien se había percatado antes de ponerse a llorar acude para consolarlo. Mientras tanto, el tren se puede estar yendo de la estación y dos personas corren ya inútilmente de no poder cogerlo a tiempo. Mantienen la respiración agitada, y casi sin aliento procuran no desperdiciar el poco aire que les quedan en sus pulmones y deciden descansar. Una pareja puede estar paseando abrazados, felizmente, por la calle principal de su ciudad mientras otra distinta se ponen a tirarse de los pelos en mitad del cruce de peatones por no ponerse de acuerdo en su última discusión.

Hay mil cosas que se hacen en un minuto que, por ignorancia, seguimos diciendo que no nos da tiempo a hacer absolutamente nada. Que es poco tiempo y que nos regalemos minutos, e incluso horas, si de verdad queremos conseguir todo lo que nos propongamos. No sé tú pero personalmente, creo que un minuto es suficiente para empezar a hacer lo que tienes en mente. El tiempo justo para tomar la decisión que te llevará a ser quien quieres ser mañana.



Y tú, bueno, tú mientras me lees a mí. 

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