miércoles, 13 de julio de 2016

Gracias

No pienses que me voy a ir, que le he cogido el gustillo a esto de escribir y dudo mucho en que vaya a parar. Puede que lo haga por evasión, alegría o miedo. No lo sé, sinceramente. Pero, esta vez, supongo que lo hago por algo distinto. No es que hoy haga buen tiempo, ni malo, simplemente me apetecía hacerlo. Ni mucho menos sea lo último que escriba, aunque lo haga mal. No seré la primera que te lo diga, pero tampoco la última. La idea siempre está ahí; y para desgracia de algunos, sólo cuenta la de quien llega antes. Tan sólo escribo este “breve” texto para darte las gracias. Mejor dicho, sólo escribo esta entrada para dar las gracias.

A ti, a quien está leyendo estas líneas ahora, con ansías por saber lo que voy a decir e incluso me odies por ver que he subido un nuevo texto cuando no tienes ganas o tiempo de leerlo. Quien le da sentido a cada una de mis palabras, como los pensamientos. Quien me hace estar cada vez más cerca de conseguir dedicarme a esto, de lo que estoy ahora, aunque lo más cerca sean 10.000 kilómetros (y me quedo corta). Quien se encuentra a dos espacio de mí. Quien me hace sonreír cada mañana al despertar por ver una cifra más en el contador de visitas y saber que aún está ahí. Que aún sigues tú conmigo. En definitiva, por hacerme creer que valgo millones cuando, en verdad, soy una mierda de la calle expuesta al público.

A mis enemigos, por hacerme entrar en razón cuando me escuchaban que no llegaría tan lejos. Que dejaría de ser yo, en cuanto me consumiese la fama, y entiende por fama de todo lo que quieras entender menos su verdadero concepto. En ningún momento, quiero ser famosa (ni muchísimo menos lo soy) porque ésta implica que te conozcan todos, sin excepciones; mientras que mi objetivo es que sólo me conozcan los que yo admire. Quien me dijeron desde un principio que llegaría lejos, aunque en unas formas que ni yo sé muy bien cómo lo hicisteis. Gracias, por creer en mí. Pero, en especial, por seguir pensando en lo poco que merezco la pena, y lo mucho que valgo. Aunque, como ya he dicho antes, tan sólo haya cogido una mierda de la calle y lo exponga al público mientras pongo subtítulos en blanco y negro. Que el odio es una muy buena manera de querer, y gracias a él yo sé cuánto de aprecio me tenéis a mí.

A todos esos detalles por y sobre los que escribo cada día, por obligarme a no bajar la vista de la ciudad y a subirla cuando posa en el suelo. Que la vida no está ahí, ni en mi móvil, ni en ninguno de esos sitios. Por todos aquellos que dicen lo grande que le queda, y en caso de que sea así hazte un traje de gala. Hablamos mucho y ya apenas callamos. Deja el móvil, y observa de una vez; que la pantalla la tienes ya muy vista y lo que viene siendo el paisaje ni siquiera le has echao un ojo. No me leas así, que sabes que es verdad. Que nunca viene mal saber un poco de dónde se está o hacia dónde se va. Y no sólo me refiero a contemplar el campo si no también, por qué no, a los lugares de culto. Pero, nada. Sigue leyéndome si quieres, que así seré yo quien tenga más que contar por todo lo que te estarás perdiendo al elegir mirar mis letras en vez de a tu alrededor.

Por último, y no por eso menos importante, quizá el que más por eso otro de ‘deja lo bueno para el final': a mi madre, porque gracias a ella estoy escribiendo esto. Gracias al día en el que nací, hoy yo puedo fardar de tener un sueño y una ilusión de poder cumplirlo. A alguien que siempre me estará apoyando, esté en dónde esté. Y siempre me estará dando ánimos, por mal que se lo haga pasar. Que después de la tormenta llega la calma, y esa calma comenzó hace meses de la que ahora me toca recordar para poder dar gracias a quien hizo todo lo posible porque hoy seamos así. Para bien, y mal. No sé, hoy me he levantado con ganas de abrazar al mundo y lo único que puedo hacer es dar las gracias ya no sólo por las personas sino también por los pequeños detalles que vivimos día a día.


Gracias, de verdad.

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