martes, 26 de julio de 2016

El reencuentro

Después de dar varias vueltas mientras se removía en el asiento del compartimento en el que iba, se quedó dormida con la cabeza en el cristal mientras "escuchaba" su canción favorita. La posición que adoptó para el resto del viaje fue la misma, no era cómoda pero tampoco le molestaba. Tenía sueño debido a las largas horas de la juerga de la noche anterior, que ni siquiera se acordaba de lo que pasó. Cuando no estaba dormida, estaba hablando por teléfono o simplemente chateando con sus amigos. Ninguno de ellos pudo averiguar qué fue de ellos en aquella madrugada. Todos se separaron sobre las 3 am y no se volvieron a ver. Unos se fueron a fumar fuera del local, otros a echar todo el alcohol que tenían en vena y unos pocos seguían dentro, a su bola, sin estar juntos.

Llevaba la misma ropa y cada vez que abría la boca para bostezar o preguntar cualquier duda apestaba a ginebra y tabaco. No le dio tiempo a cambiarse de ropa, ni siquiera a ducharse, se fue directamente a coger el tren por lo pillada que iba de tiempo. Tenía puesta una camiseta roja simple de tirantes, unos pantalones vaqueros y unas convers rojas falsas. Por otro lado, tenía el pelo demasiado alborotado en comparación a como lo solía llevar habitualmente e iba con la raya del ojo corrida por el intenso llanto durante las dos últimas largas horas. Al principio su apariencia la inquietó un poco por lo que le pudiesen decir los demás pero conforme fue pasando el tiempo se fue olvidando de ella. Hizo lo que pudo. Había utilizado el móvil como espejo para peinarse y en cuanto el conductor anunció la primera parada en uno de los pueblos aprovechó para ir al baño a retocarse el flequillo y lavarse la cara.

Faltaban 2 horas y medias para llegar y ya no sabía qué hacer para pasar el tiempo. Sacó los auriculares del bolso, los enchufó al móvil, puso su música en modo aleatorio y se remoloneó en el asiento hasta encontrar la postura. Tenía la cabeza apoyada en la ventanilla y mientras escuchaba de fondo su música. Apenas pudo ver el paisaje debido a la alta velocidad a la que iba el tren. Cada vez le prestaba menos atención hasta quedarse dormida. Al despertarse ya habían pasado 45 minutos y pudo escuchar como la voz del mismo hombre que anteriormente había anunciado la primera parada, seguía anunciando las diversas paradas en los pueblos. Esta vez hacía una pausa de mínimo unos cinco minutos en cada una de ellas.

Resopló varias veces e hizo un par de muecas en señal del aburrimiento que se le venía encima en la próxima media hora, que era lo que faltaba para llegar hasta su ciudad. Intentó encontrar la misma postura que antes, pero fue imposible como tampoco se pudo volver a dormir. Esta vez, estaba apoyada en la pequeña mesa que había junto a la ventana en donde solía posar la mirada, echada hacia adelante y con la mano apoyada en uno de sus mofletes. Sacó de su mochila, que la tenía abajo en sus pies, una pequeña libreta de color y empezó a escribir lo primero que se le pasaba por la mente.

Poco a poco, se fue haciendo más ameno el viaje. Se empezó a desperezar en el asiento con las mil ganas que tenía de poder llegar y no sólo estirar las piernas sino de abrazar, besar y contarles las mil aventuras a sus padres. Quienes estaban ahora mismo allí esperando a que llegase a la estación. Empezó a divagar por sus pensamientos y reflexionó si de no ser por ese reencuentro hubiese hecho todo ese viaje. Había perdido la cuenta del tiempo que llevaba ya sin verlos. Mientras le resbaló una lágrima por una de sus mejillas y se limpió con mucha delicadeza, pudo escuchar la voz del mismo hombre anunciar el nombre de su ciudad.

Una vez recogidas todas sus cosas, de pie, abrazados los tres, mientras escuchaban de fondo la bocina de la locomotora anunciando el fin de la parada mientras se fue vaciando la estación al mismo tiempo; caminó hacia la salida con una tímida sonrisa en sus labios.


Aprende a valorar el verdadero significado de las cosas.

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