domingo, 31 de julio de 2016

Baile bajo la lluvia

Los cuerpos flotaban en la intensa noche mientras sus ropas bailaban al ritmo de Jazz, las cuales se hacían más pesadas de llevar debido a la lluvia que ahogaba a sus latidos y cubría cada poro de su piel. Observaban el paisaje difuminarse a lo lejos cuando ellos dos quedaron atrapados en la imagen, a oscuras y a muy pocos centímetros entre ambos. Se mantuvieron la mirada sin mediar palabra alguna, mientras se sonreían tímidamente. Él se tocó la nuca con la mirada baja y puesta en el suelo, ella en cambio no podía dejar de morderse el labio de los nervios que sentía.

Él llevaba puesto un smoking negro conjuntado con una camisa de color blanca y en mitad de ella portaba una preciosa corbata del mismo color del traje que, con el tiempo y la lluvia dejaba al descubierto un abdomen perfectamente bien definido; y unos zapatos bien arregladitos de alza con puntera negra para chicos. No medía más de 1'64 cm de alto, lo suficiente para que ella no se molestara en ponerse de cuclillas cada vez que lo fuera a rodear con sus brazos o siquiera cuando le diese un beso inesperado. Ella, en cambio, portaba su mejor vestido de un color rosa fucsia que la hacía más guapa de lo que ya era. El cual difícil era de llevar en cada minuto que transcurría debido a la fuerte lluvia del momento. Unos tacones de aquel mismo color y un bolso caquis que colgaba de su hombro. Medía lo suficiente para llegarle a sus hombros y poder abrazarlo con todas sus fuerzas hasta dejarlo sin aire. Era de piel pálida y una delgadez infinita, sin rozar el extremo. Unos ojos preciosos de color azules que no podían pasar desapercibidos ante nadie y poseía una delgada línea en sus labios que se apoderaba de sus deseos.

Mientras él tenía su brazo aún recorriendo todo su cuerpo en un abrazo, ella tenía sus manos extendidas sobre su pecho y con la mirada fija en sus ojos. En aquel mismo instante, se le cayó un mechón de pelo ocultándole el ojo izquierdo, cuando de inmediato y con mucha delicadeza se lo recogió con apenas rozar su piel. Seguidamente, la acarició la barbilla con firmeza y se inclinó muy lentamente hasta llegar a sus labios los cuales, temblaban de la emoción. Podían notar como el sabor de sus bocas poco a poco, fue disipando la tristeza de la noche. Sentían la angustia de volverse a mirar y verse reflejados en la mirada del otro, pero sus deseos y la pasión eran aún mayores que no pudieron reprimirlo. En ese momento, el mundo giró entorno a ellos. La lluvia era pesada, húmeda y les impedía moverse libremente, pero ya nada les importaba. Se buscaban desesperadamente para volver a perderse en la neblina ocular, sus manos temblorosas, por miedo o nervios, necesitaban cobijo, amor o, simplemente, el deseo de volver a besar sus labios, y fundirse en un beso.

Habían formado una fusión con el calor humano de los cuerpos en la noche. La unión de dos almas unidas por el triste anhelo del ayer, a punto de fundirse por la pasión. Sus latidos se sincronizaron con el ritmo de la canción que sonaba justo en ese momento, bailaban torpemente, sus pasos eran lentos pero firmes, y estaban muy alegres al sentir el cuerpo del otro arropando su propia piel. Mientras sus lenguas bailaban al ritmo de la música, la lluvia seguía cayendo sobre sus cuerpos pero, poco a poco, se fue apagando y ellos comenzaron a brillar debido a la reñida luz que fue apareciendo detrás, a lo lejos, por aquella estrella solar. Sentían la necesidad de volverse a besar, una y otra vez, hasta que la noche volviera a aparecer y tener la oportunidad de ver el amanecer como reflejo en sus pupilas.

viernes, 29 de julio de 2016

¿Quién soy yo? (Parte 2)

A lo largo de mi vida me han hecho muchas veces la misma pregunta y, sinceramente, nunca he sabido qué responder. A pesar de lo simple que pueda parecer, me resulta bastante compleja como para no concretar más. O puede que sólo sea yo, que me gusta hacer un mundo hasta de un granito de arena. Al fin y al cabo, he vivido muchas experiencias tanto viajes, rutinas como veranos. He conocido a gente increíble que, a día de hoy, tengo por amigos. Y a otras tantas que ya no forman parte de mi vida. He conocido a quienes me han enseñado desde la primera vez que los conocí el tipo de persona que no quiero ser. E igualmente doy las gracias de haberlos conocido. También te podría hablar de cada una de mis aficiones como de todo lo que he ido consiguiendo con el tiempo gracias a mi esfuerzo.

También he aprendido a decir que 'no' a tantas opciones que no me interesan y no sentirme mal por ello. A ser selectiva con mis amistades y dejar atrás a quien no me conviene. A huir de mis problemas buscando una solución a cada uno de ellos. A ser más positiva. He descubierto mi verdadera vocación. Me han enseñado miles de teorías de las que te podría hablar ahora mismo y muchas de ellas he puesto en práctica en mi día a día. A ser más productiva y a tener una actitud proactiva. Me he sumado a más de una acción social sin fines lucrativos y me han encargado más de un trabajo comercial pero no remunerado. Te puedo hablar de los premios que he recibido como de los fracasos que me han llevado hasta ellos. Me resulta increíble, en el más sincero significado, la GRAN diferencia que hay entre mi primer y último trabajo que he hecho hasta ahora. He aprendido a caerme, pero también a coger fuerzas y levantarme por mí misma. E igualmente he aprendido a pedir ayuda cuando la necesite y no por ello soy menos que el resto. A aceptarme con mis virtudes y defectos, a sentirme a gusto con mi cuerpo.

Vivo enamorada de la vida y he aprendido a no depender del resto para ser feliz. A no cogerle cariño a la piedra con la que tropiezo para no depender de ella pero tampoco evitar saltarla. Sé perfectamente que no soy ni seré la mejor en nada de lo que me proponga, que no compito contra nadie ni pretendo serlo. Sólo quiero disfrutar de lo que me gusta hacer y ganarme la vida con ello. No sé si has entendido esta "breve" reflexión sobre mi vida y me estés leyendo ahora mismo porque has entrado en esta entrada por saber un poco más sobre mí y, por tanto, si has resuelto tus dudas o vas a terminar con más dudas que antes. Pero como te he dicho desde el principio, ni siquiera yo sé qué responder cuando me hacen siempre la misma pregunta.


Entonces, ¿quién soy yo?

jueves, 28 de julio de 2016

Luz

Apenas veo la luz, una ráfaga de viento me ciega y, poco a poco, esa dulce y fina línea que atraviesa cada uno de los poros de mi piel, se va alejando. Luz, ven a mí… por favor, no te vayas. Luz. Y un eco repentino, me hizo escuchar mi voz durante varios y breves minutos… pero largos, para mi cabeza.

Llevadme hasta allí. Hasta ella. La quiero tocar, quiero sentirla como se siente la vida. De la misma manera que siento mis letras. De la misma manera que fluyen en mí.

Regaladme la luz, por favor.

Dádmela al igual que, me dais vuestro silencio. La quiero poseer como quien observa a la Luna y quiere atraparla entre sus pequeños dedos, y tenerla así para siempre… para sí. Dadme la luz que me hizo quedar a oscuras a raíz de mi locura, quiero luz.

Dadme la luz, dádmela ya… joder. Quiero verla, sentirla, amarla, quererla… y, sobre todo, volver a estar cara a cara con ella, mi vida.



















Regaladme la luz.

martes, 26 de julio de 2016

El reencuentro

Después de dar varias vueltas mientras se removía en el asiento del compartimento en el que iba, se quedó dormida con la cabeza en el cristal mientras "escuchaba" su canción favorita. La posición que adoptó para el resto del viaje fue la misma, no era cómoda pero tampoco le molestaba. Tenía sueño debido a las largas horas de la juerga de la noche anterior, que ni siquiera se acordaba de lo que pasó. Cuando no estaba dormida, estaba hablando por teléfono o simplemente chateando con sus amigos. Ninguno de ellos pudo averiguar qué fue de ellos en aquella madrugada. Todos se separaron sobre las 3 am y no se volvieron a ver. Unos se fueron a fumar fuera del local, otros a echar todo el alcohol que tenían en vena y unos pocos seguían dentro, a su bola, sin estar juntos.

Llevaba la misma ropa y cada vez que abría la boca para bostezar o preguntar cualquier duda apestaba a ginebra y tabaco. No le dio tiempo a cambiarse de ropa, ni siquiera a ducharse, se fue directamente a coger el tren por lo pillada que iba de tiempo. Tenía puesta una camiseta roja simple de tirantes, unos pantalones vaqueros y unas convers rojas falsas. Por otro lado, tenía el pelo demasiado alborotado en comparación a como lo solía llevar habitualmente e iba con la raya del ojo corrida por el intenso llanto durante las dos últimas largas horas. Al principio su apariencia la inquietó un poco por lo que le pudiesen decir los demás pero conforme fue pasando el tiempo se fue olvidando de ella. Hizo lo que pudo. Había utilizado el móvil como espejo para peinarse y en cuanto el conductor anunció la primera parada en uno de los pueblos aprovechó para ir al baño a retocarse el flequillo y lavarse la cara.

Faltaban 2 horas y medias para llegar y ya no sabía qué hacer para pasar el tiempo. Sacó los auriculares del bolso, los enchufó al móvil, puso su música en modo aleatorio y se remoloneó en el asiento hasta encontrar la postura. Tenía la cabeza apoyada en la ventanilla y mientras escuchaba de fondo su música. Apenas pudo ver el paisaje debido a la alta velocidad a la que iba el tren. Cada vez le prestaba menos atención hasta quedarse dormida. Al despertarse ya habían pasado 45 minutos y pudo escuchar como la voz del mismo hombre que anteriormente había anunciado la primera parada, seguía anunciando las diversas paradas en los pueblos. Esta vez hacía una pausa de mínimo unos cinco minutos en cada una de ellas.

Resopló varias veces e hizo un par de muecas en señal del aburrimiento que se le venía encima en la próxima media hora, que era lo que faltaba para llegar hasta su ciudad. Intentó encontrar la misma postura que antes, pero fue imposible como tampoco se pudo volver a dormir. Esta vez, estaba apoyada en la pequeña mesa que había junto a la ventana en donde solía posar la mirada, echada hacia adelante y con la mano apoyada en uno de sus mofletes. Sacó de su mochila, que la tenía abajo en sus pies, una pequeña libreta de color y empezó a escribir lo primero que se le pasaba por la mente.

Poco a poco, se fue haciendo más ameno el viaje. Se empezó a desperezar en el asiento con las mil ganas que tenía de poder llegar y no sólo estirar las piernas sino de abrazar, besar y contarles las mil aventuras a sus padres. Quienes estaban ahora mismo allí esperando a que llegase a la estación. Empezó a divagar por sus pensamientos y reflexionó si de no ser por ese reencuentro hubiese hecho todo ese viaje. Había perdido la cuenta del tiempo que llevaba ya sin verlos. Mientras le resbaló una lágrima por una de sus mejillas y se limpió con mucha delicadeza, pudo escuchar la voz del mismo hombre anunciar el nombre de su ciudad.

Una vez recogidas todas sus cosas, de pie, abrazados los tres, mientras escuchaban de fondo la bocina de la locomotora anunciando el fin de la parada mientras se fue vaciando la estación al mismo tiempo; caminó hacia la salida con una tímida sonrisa en sus labios.


Aprende a valorar el verdadero significado de las cosas.

sábado, 23 de julio de 2016

¡Mierda!

¡Mierda! ─ Grito.

Ups… no debería haber escrito eso. Qué van a pensar de mí la gente que me lea ─ Pienso, mientras me voy subiendo los pantalones.

Bah, qué importa. Dices que es la inspiración, que te ha venido justo ahora y listo. ¿No es eso lo que suelen hacer todos los escritores? Hablan de sus problemas, idas y venidas, sus paranoias y gilipolleces que a nadie le interesa porque ya se tiene suficiente con lo de cada uno pero se venden. ─ Me quedo absorta en mis pensamientos por un minuto hasta que llaman a la puerta y me despierto.


*Abro el grifo del lavabo, me echo jabón en las manos y me enjuago mientras se humedecen en el agua*



Apenas soy capaz de escribir nada y a pesar de que me muera por hacerlo me siguen faltando las palabras para contar una buena historia. A veces me da por pensar que mi capacidad de expresión está mermando cada vez más y no tengo talento para ello, pero otras simplemente me digo a mí misma que no tengo nada que contar. Es más, esto hasta quizás sea un relato más para la colección. Sí, lo sé. Sé perfectamente que puede que no sea muy agradable de leer pero últimamente es lo más interesante que me ha pasado y pueda contar. Además, a pesar de todo, es un lugar más del mundo tan digno y respetable como otro cualquiera, a pesar de ser un poco desagradable.

Supongo que es allí a donde voy cuando me encuentro mal, tengo ganas de llorar o simplemente vuelvo con más alcohol que sangre en mis venas de una noche de fiesta. Cuando me dan ataques de ansiedad por no comer lo "suficiente" de querer más y luego me arrepiento de haber comido en exceso. Supongo que ya sabréis dónde encontrarme cuando no me soporto ni yo de la rabia que siento o incluso cuando me obsesiono tanto con mi cuerpo que hasta mi espejo me llama gorda. O simplemente esté allí porque necesite estarlo de verdad.


Aunque eso nunca lo sabrás.




Salgo del baño y apago la luz. 

jueves, 21 de julio de 2016

¿Un minuto?

Nunca me había parado a pensar en lo increíblemente cierto que podía ser un simple minuto. Ahora, tú, mi querido lector, me tomarás por idiota pero apuesto lo que sea a que tú tampoco te habías fijado en la productividad del tiempo. Nada redundante, por cierto. En absoluto.

Alguien puede estar riéndose a carcajadas después de que otro alguien le haya contado un chiste. A su vez, en otra parte del mundo, un niño de 5 años que está aprendiendo a montar en bici, se cae al suelo y llora. Su padre que está por allí cerca, y de quien se había percatado antes de ponerse a llorar acude para consolarlo. Mientras tanto, el tren se puede estar yendo de la estación y dos personas corren ya inútilmente de no poder cogerlo a tiempo. Mantienen la respiración agitada, y casi sin aliento procuran no desperdiciar el poco aire que les quedan en sus pulmones y deciden descansar. Una pareja puede estar paseando abrazados, felizmente, por la calle principal de su ciudad mientras otra distinta se ponen a tirarse de los pelos en mitad del cruce de peatones por no ponerse de acuerdo en su última discusión.

Hay mil cosas que se hacen en un minuto que, por ignorancia, seguimos diciendo que no nos da tiempo a hacer absolutamente nada. Que es poco tiempo y que nos regalemos minutos, e incluso horas, si de verdad queremos conseguir todo lo que nos propongamos. No sé tú pero personalmente, creo que un minuto es suficiente para empezar a hacer lo que tienes en mente. El tiempo justo para tomar la decisión que te llevará a ser quien quieres ser mañana.



Y tú, bueno, tú mientras me lees a mí. 

jueves, 14 de julio de 2016

Lógica de madurez

Salía de clases de inglés, ni siquiera había salido del edificio y ya metí las manos en los bolsillos buscando mis auriculares y el móvil, una vez que los toqué y pude desenrollarlos me los puse casi por inercia en los oídos, e inconscientemente empecé a deambular entre viejos recuerdos y alguna que otra lágrima. No levanté la vista del suelo, y apenas escuchaba la música. Era curioso, porque siempre me gustaba ver lo que pasaba a mi alrededor, conociese o no a quien estuviese por allí. Pero… esta  vez, no tenía ganas más que de tumbarme en la cama, y dormir. Quería descansar, a pesar de haber dormido mis diez horas de sueño. Últimamente, las cosas no me iban nada bien, y quería huir de mí aunque fuese en otra dimensión.

En el camino de vuelta a casa, me topé con una piedra a la que, desde el primer minuto, le empecé a dar patadas, y no sé si era por entretenerme o por distracción. Pero, sin saber si quiera cómo ni por qué, recibí un pelotazo en la pierna izquierda. Me agaché, recogí el balón con las dos manos, y se lo di a un niño que no tendría más de unos 4 o 5 años, quien seguidamente y con la cabeza baja de haberme dado en el pie, sintiendo las disculpas, se fue corriendo sin mediar palabra. Inconscientemente, me quedé parada, allí mismo, en mitad de la acera, esperando a que sucediera algo, pero no sucedió nada extraño. Retomé el rumbo, y casi de inmediato, mi instinto me hizo saber que estaba en lo cierto. Giré mi cabeza hacia la derecha, y pude escuchar la conversación que mantenían dos adultos, dándole una calada cada poco tiempo e inmediatamente expulsando el humo con bastante placer, sin la intención de dejar de fumar por ver al hijo de uno de ellos jugueteando con el balón por allí.

─ Papá… ─ le llamó a su padre, con insistencia, tirándole del pantalón por la altura de sus rodillas.
No obtuvo respuesta.

─ Papá… ─ Volvió a insistir.
─ ¿Qué? ─ Contestó su padre, tras darle una calada al cigarro que sostenía en la mano, y plácidamente, exhaló su humo con la mirada en las nubes con la intención de que esta vez su hijo no huela el humo.
─ ¿Puedo probar? ─ preguntó señalando el cigarro.
─ ¿El qué? ─ preguntó el padre, esperando equivocarse.
─ Eso. ─ contestó, señalando más de cerca el cigarro. 


Y casi de un brinco, se levantó su padre, se atragantó con la última bocanada de humo que había ingerido pocos segundos antes; que, para mi sorpresa, nada más echarle la bronca y aconsejarle que no debía de seguir su ejemplo, que fumar mata y perjudica su salud… hasta haciéndole prometer que en la vida iba a fumar. Vamos, todos esos argumentos que se vuelven banales cuando quien te los dice no le presta apenas atención a sus propias palabras. Le dio un par de caladas más y en seguida se sentó en el banco, fastidiado de lo que le había preguntado su hijo. Tras darle aquellas dos últimas caladas, tiró el cigarrillo al suelo y apagó la mecha con el pie.
Al momento de sentarse de nuevo, miró inconscientemente a los ojos de su hijo esperando encontrar una respuesta de lo que le había preguntado, y éste, le hizo una pregunta que nada más escuchar sus palabras, le hiló la sangre.


─ Entonces… ¿tú… por qué qué… fu- fumas?

miércoles, 13 de julio de 2016

Gracias

No pienses que me voy a ir, que le he cogido el gustillo a esto de escribir y dudo mucho en que vaya a parar. Puede que lo haga por evasión, alegría o miedo. No lo sé, sinceramente. Pero, esta vez, supongo que lo hago por algo distinto. No es que hoy haga buen tiempo, ni malo, simplemente me apetecía hacerlo. Ni mucho menos sea lo último que escriba, aunque lo haga mal. No seré la primera que te lo diga, pero tampoco la última. La idea siempre está ahí; y para desgracia de algunos, sólo cuenta la de quien llega antes. Tan sólo escribo este “breve” texto para darte las gracias. Mejor dicho, sólo escribo esta entrada para dar las gracias.

A ti, a quien está leyendo estas líneas ahora, con ansías por saber lo que voy a decir e incluso me odies por ver que he subido un nuevo texto cuando no tienes ganas o tiempo de leerlo. Quien le da sentido a cada una de mis palabras, como los pensamientos. Quien me hace estar cada vez más cerca de conseguir dedicarme a esto, de lo que estoy ahora, aunque lo más cerca sean 10.000 kilómetros (y me quedo corta). Quien se encuentra a dos espacio de mí. Quien me hace sonreír cada mañana al despertar por ver una cifra más en el contador de visitas y saber que aún está ahí. Que aún sigues tú conmigo. En definitiva, por hacerme creer que valgo millones cuando, en verdad, soy una mierda de la calle expuesta al público.

A mis enemigos, por hacerme entrar en razón cuando me escuchaban que no llegaría tan lejos. Que dejaría de ser yo, en cuanto me consumiese la fama, y entiende por fama de todo lo que quieras entender menos su verdadero concepto. En ningún momento, quiero ser famosa (ni muchísimo menos lo soy) porque ésta implica que te conozcan todos, sin excepciones; mientras que mi objetivo es que sólo me conozcan los que yo admire. Quien me dijeron desde un principio que llegaría lejos, aunque en unas formas que ni yo sé muy bien cómo lo hicisteis. Gracias, por creer en mí. Pero, en especial, por seguir pensando en lo poco que merezco la pena, y lo mucho que valgo. Aunque, como ya he dicho antes, tan sólo haya cogido una mierda de la calle y lo exponga al público mientras pongo subtítulos en blanco y negro. Que el odio es una muy buena manera de querer, y gracias a él yo sé cuánto de aprecio me tenéis a mí.

A todos esos detalles por y sobre los que escribo cada día, por obligarme a no bajar la vista de la ciudad y a subirla cuando posa en el suelo. Que la vida no está ahí, ni en mi móvil, ni en ninguno de esos sitios. Por todos aquellos que dicen lo grande que le queda, y en caso de que sea así hazte un traje de gala. Hablamos mucho y ya apenas callamos. Deja el móvil, y observa de una vez; que la pantalla la tienes ya muy vista y lo que viene siendo el paisaje ni siquiera le has echao un ojo. No me leas así, que sabes que es verdad. Que nunca viene mal saber un poco de dónde se está o hacia dónde se va. Y no sólo me refiero a contemplar el campo si no también, por qué no, a los lugares de culto. Pero, nada. Sigue leyéndome si quieres, que así seré yo quien tenga más que contar por todo lo que te estarás perdiendo al elegir mirar mis letras en vez de a tu alrededor.

Por último, y no por eso menos importante, quizá el que más por eso otro de ‘deja lo bueno para el final': a mi madre, porque gracias a ella estoy escribiendo esto. Gracias al día en el que nací, hoy yo puedo fardar de tener un sueño y una ilusión de poder cumplirlo. A alguien que siempre me estará apoyando, esté en dónde esté. Y siempre me estará dando ánimos, por mal que se lo haga pasar. Que después de la tormenta llega la calma, y esa calma comenzó hace meses de la que ahora me toca recordar para poder dar gracias a quien hizo todo lo posible porque hoy seamos así. Para bien, y mal. No sé, hoy me he levantado con ganas de abrazar al mundo y lo único que puedo hacer es dar las gracias ya no sólo por las personas sino también por los pequeños detalles que vivimos día a día.


Gracias, de verdad.

lunes, 11 de julio de 2016

Hay que follarse a las mentes

"-¿Te gustan más los hombres que las mujeres? -¿En general dices? No, eso me da igual, el sexo es lo que menos me importa. Me puede gustar un hombre tanto como una mujer. El placer no está en follar, es igual que con las drogas; a mí no me atrae un buen culo, un par de tetas, o una polla increíblemente gorda... Bueno, no es que no me atraigan, claro que me atraen, me encantan, pero no me seducen. Me seducen las mentes, me seduce la inteligencia, me seduce una cara y un cuerpo cuando veo que detrás hay una mente que los mueve y que merece la pena conocer. Conocer, poseer, dominar, admirar. La mente H, yo hago el amor con las mentes. Hay que follarse a las mentes."

Fuente: Película Martín (Hache).
Eusebio Poncela.

viernes, 8 de julio de 2016

¿Quién soy yo? (Parte 1)

Hace ya varios días que me he levantado cuestionándome muy seriamente una pregunta que, a decir verdad, me quita el sueño. Puede ser lo más estúpido para cualquiera porque supongo y me juego lo que quieras a que su respuesta sería su nombre, profesión, aficiones y poco más. En cambio, puede parecer que me esté comiendo más de lo normal la cabeza y sólo por intentar responder al título de esta entrada lo más concreto posible.

Sin embargo, muchos me intentan definir en una sola palabra o me miran y ya creen conocerme cuando, prácticamente, llevo toda mi vida haciéndome esta pregunta porque ni siquiera yo sé quién soy. Sí, puede parecer estúpido estar esperando encontrar una respuesta con la que me quede satisfecha de haber encontrado la solución a "mi problema" e incluso, aún más no haberla encontrado a lo largo de mis cortos años, y no tan cortos. Llámame idiota pero…

¿Para quién?

¿Para la ciencia, la biología, la medicina? Un organismo formado de células. ¿Para la política, el Ayuntamiento? Una ciudadana más de la ciudad, ilusa, incrédula de la propaganda electoral de cada partido. ¿Para mis profesores? Una alumna de sus clases, a quien corregir trabajos, exámenes y aclarar sus dudas. Quien aspira, aunque desde fuera, a conocer el mundo de la publicidad desde dentro, o eso cree ella. ¿Para mis padres? Una hija, de quien esperan lo mejor y supongo que al igual que cualquier hijo para sus padres, para quien soy la mejor en todo lo que hago y me gusta hacer, con la intención de buscar mi felicidad.

No sé. Supongo que me quedo un millón de preguntas sin responder pero también te podría hablar de mis aficiones, gustos y amistades como de lo que odio y no hago o de lo que odio pero tengo que hacerlo porque esa es mi obligación. También podría nombrarte a todas las personas a quien debo dar gracias por confiar en mí y hoy pueda decir que soy quien soy intentando cada vez ser mejor que ayer. Como tampoco me quedo sin mencionar a mis "enemigos" porque en cierta medida también debo dar gracias a ellos para saber al menos quién no quiero ser en mi vida.

Sin embargo, de todas las preguntas que me dejo en el tintero hay sólo una que me quita el sueño, por ser la más difícil de responder. Quizás sea la "poca experiencia" para unos; o la "falta de autoestima" de otros. También podría ser excusa eso de que nunca ha sido fácil hablar de uno mismo sin que te digan lo creído o ególatra que eres, sin ni siquiera estar a centímetros de la realidad.
Entonces…


Para mí, ¿quién soy yo?