jueves, 16 de junio de 2016

Perspectivas

─ Señoría…
El juez le mira curiosamente, y sin mediar palabra le concede el permiso para hablar dando un golpe en la mesa. Llevaba puesta una túnica negra, y portaba una llamativa pulsera en la mano izquierda junto al bazo con el que se llevaba el silencio de la sala, como el respeto del acusado.
─ Éramos muy buenos amigos, para mí, era mi hermano (no de sangre); e incluso le regalé un billete de ida y vuelta para dos personas, quería disfrutar de la estancia en la ciudad de mis sueños con la persona de mi vida… y, ¿ahora? Ahora ya no está ─llora.
─ Ya…
Todos los que estaban presente en la sala, tomaron conciencia. Se callaron, y el juez le hizo gesto para que continuara hablando. No pudo esconder una última lágrima que, se puso a llorar allí mismo, delante de todos; fingiendo normalidad. O, al menos, fingiendo no saber nada de lo que estaba pasando mientras hacía tiempo para recuperar el hilo de la conversación, la voz y volver a su día a día.
─ No supe cómo reaccionar cuando lo vi allí tirado, en medio de la habitación, inundándola con casi toda la sangre de su cuerpo. Me rendí, y me arrodillé a su cuerpo, aunque fuese la última vez que pudiese abrazarlo. Apenas todo sucedió en cuestión de segundos, y no pude asimilar la realidad que lo primero que hice, velando por la seguridad de todos, fue llamar al 091, a la ambulancia, y a cualquiera que me pudiese ayudar o indicarme qué hacer.
─ Entiendo. Siga, por favor.
─ Pues…
─ ¿Qué estabas haciendo antes de que sucediese todo? ─ preguntó el abogado que defendía a los familiares afectados de la víctima.
─ Mirando al juez, cabizbajo, y con las manos en los bolsillos jugueteando a su vez con sus pies; para que éste le devolviese la palabra, continuó diciendo ─ esto… me gustaría empezar por el principio… ¿puedo?
─ Sí.
─ Llevamos un par de meses planeando una tarde juntos, viendo una peli los dos juntos acurrucados entre nosotros, en el sofá, y olvidando por un momento lo que ocurriese fuera de nuestra relación. Nos dio por jugar a estar enamorados, y olvidarnos de quienes nos hacían morir por ellos. Se nos fue de las manos, y llegamos a hacer más de las locuras planeadas. Aunque, todas ellas eran pequeños detalles que pasasen desapercibidos ante cualquiera pero, queríamos darnos el privilegio de vivirlos y ser feliz con lo poco que tuviésemos. No fuimos capaces de terminar de ver la película, siendo consciente de lo que sucedía en ella. Teníamos la necesidad de experimentar cada detalle que sucediese, por loco que pareciera. Sin embargo, y mientras él seguía bailando en el salón yo me dirigí hacia la cocina para coger más comida y algo de beber. Cogí un cuchillo de pico y, a los pocos minutos de posarlo sobre la pata de cerdo para tener más jamón que comer, entró inesperadamente en la cocina con algún que otro jueguecito de los suyos para asustarme, asustándome y soltando casi por inercia, e inconscientemente, el cuchillo. Éste revoloteó por los aires y cayó de inmediato en su pecho, justo por el pico, clavándoselo entre las costillas; y, seguidamente, lo vi tendido en el suelo esparciendo parte de su sangre por ahí.
─ …
─  Juro que fue así. No me invento nada, le quiero (o quería) demasiado como para hacerle daño.─ Corroboré diciendo al ver que ya había perdido el juicio si no convencía a parte del jurado, o al juez.
─ En cuanto entré, nervioso por la puerta debido a los llantos y gritos que pude escuchar desde mi piso, te encontré arrodillada al cuerpo del difunto con un cuchillo en la mano con intenciones de matarle más de lo muerto que ya estaba. ─ Dijo un vecino del bloque en el que vivía la víctima.
─ Emm… creo que no. Tan sólo sostuve el cuchillo por el mango con el fin de que no le volviese a golpear de nuevo. Incrédula de todo lo que había pasado en aquellos dos segundos, los más amargos y lentos de toda mi vida, en shock, llorando desconsoladamente, mientras el rímel caía por mis mejillas. El cuchillo, en cambio, cayó a los pocos segundos después que él ya se encontrase tendido en el suelo, y cuando sin apenas fuerzas pude hacer nada para que no sucediera ningún desastre más en aquella cocina, e intentar impedirlo (aunque ya fuera tarde). Me encontré tal cual lo cogí en el momento que pude verte detrás de la puerta... y de reojo, observando con cautela e incredulidad la escena, auto convenciéndote de que no fuese yo quien había planeado todo lo que habías visto, suponiendo y a pesar de mi inocencia que me llevarían a juicio y, me encarcelarían sin derecho a habla. Pero... antes que nada, deseé volver a aquel último minuto ya no sólo para evitar aquella catástrofe sino para que pudiese volver a abrir los ojos, y verlo feliz.
─ …
En la sala se levantó un revuelo entre los que se ablandaron con el relato del acusado, y los que pensaban que tan sólo era una pantomima para comprar su libertad. Acto seguido, el juez levantó el bazo y dio tres golpes en la mesa para callar al personal... y dar, así, el veredicto.
─Al acusado se le declara…


"Nada es verdad ni es mentira todo depende del cristal con que se mira."

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